Ruta Yawi Sumak aventura sobre ruedas

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La ecoruta Yawi Sumak supone un encuentro íntimo con la flora y fauna de Zamora. Son 8 km. de cicloturismo ecológico inevitablemente relajantes en medio de los ríos  Bombuscaro, Zamora y Jamboe. El camino empieza en el puente Bombuscaro y desemboca en la parroquia Timbara.

Son 8 km. de turismo ecológico para sumergirse en un océano de buenas sensaciones. En Zamora no sólo se puede comer una buena tilapia, perderse de placeres frente en sus más de 20 cascadas o avistar aves. También puede hacer un recorrido en bicicleta en medio de la espesa vegetación y volverse ajeno por unas horas al trepidante ritmo del día a día.

Casco, rodilleras, una botella de agua y una bicicleta con la cadena bien engrasada es todo lo que necesita para abandonarse a una aventura relajante. Son las 09:45 y pese a que todavía es temprano, la humedad que cubre esta zona suroriental de la Amazonía ya ha pegado la camiseta a la piel.

Hace calor, la ventisca sopla en la cara y la energía fluye en torno a las ganas de empezar la ecoruta de conectividad Yawi Sumak (Saladero Bonito). Es un trayecto cercado por los ríos Bombuscaro, Zamora y Jamboe y que, con el apoyo del Gobierno local, se impulsa como una alternativa de desarrollo sustentable para preservar las aves de la zona. El camino empieza en el puente Bombuscaro, en el centro cantonal de Zamora, luego de un desayuno ligero (yogur, tostadas y jugo de frutas). En esta ocasión el ciclopaseo se hace en pareja, pero la baja dificultad de la ruta permite trazar el recorrido en familia, grupos de niños y adultos mayores. No hay peligro alguno. 

Las llantas de goma repican en el camino de tierra y un kilómetro después, las siluetas de los aventureros empiezan a convertirse en gotas ante la densa vegetación que enmarca el camino de seis metros de ancho. Suena el torrente del Bombuscaro y también los coros de las tangaras que cantan y reclaman desde los árboles. Más allá, cuando el sudor baja por la frente y se instala en las mejillas aparece sigiloso un oso de anteojos. Esta es una mañana de suerte.

Entre las fragosidades también asoma un trío de pavas de monte que hacen inevitable una parada para fotografiarlas ante la buena voluntad de estas criaturas que aparecideron para hacer más feliz el día. Seguimos. Algunas pendientes obligan a esforzar el músculo, pero no se rompe el ritmo de pedaleo. Cuando un golpe de brisa suave refresca la cara, el dulce olor de la caña de azúcar penetra arbitrariamente las fosas nasales. Huele a guarapo. Esto supone otra parada en la molienda del tío Juan.

En el camino hay moliendas y huertos frutales. En 90 minutos terminamos el kilómetro ocho. El destino final es Timbara, la tierra serena de la caña y la melcocha, de belleza natural y riqueza gastronómica. El paseo no ha podido ser mejor. Luego de pasar la tarde en Timbara y comprar artesanías en guadua es hora de volver. Quizá el ritmo de retorno sea más lento, pero de todas formas serán otros relajantes 8 km.